miércoles, agosto 05, 2015
Finalmente nunca he dejado de ser la niña a la que los compañeritos del colegio le hacían bullying.
He crecido, sin lugar a dudas, he superado esa etapa y ahora no permitiría que nadie me pusiera una mano encima, pero ¿he dejado realmente de pensar como una niña/mujer golpeada? A veces siento que solo he cambiado los golpes físicos por golpes emocionales y que de todas formas soy adicta a la violencia.
Luego del año aquel, en que toqué fondo y ya no tuve más elección que intentar levantarme o simplemente desaparecer, lo tomé como una resurrección, un pájaro fénix despierto, alerta, con toda la energía de la renovación. Hoy me pregunté ¿es posible cambiar algo tan profundamente arraigado? ¿has aprendido algo si repites patrones una y otra vez? es como separar la sal del agua, hay cosas que son parte de nuestra naturaleza y no se pueden cambiar, solo minimizar.
Ya no soy la misma persona de antes, estoy mucho más consciente, pero aún hay emociones que parecen no madurar y se resisten al desalojo, mi rutina del daño sigue ahí, por primera vez estoy con alguien que no me agrede de ninguna manera, me trata con cariño y yo, que necesito la violencia, encuentro miles de oportunidades para maltratarme.
Ahora me doy cuenta que siempre escogí gente que lo hiciera por mí, así era mas fácil, porque soy macabra y estoy conmigo 24/7, la vocecita de mi cabeza no descansa, aunque quiera apagarla y apagarme un momento.
Realmente adoro la relación en que estoy ahora, porque se siente sana y me motiva a ser mejor persona, me mantiene despierta, atenta a todos estos defectos, todos los vicios que se han ido acumulando por años de manejar un sinfín de "técnicas de escapismo emocional" e intentar superarlos.
Pero el estar despierta todo el tiempo y ver todo esto a veces me agota, es un constante desafío, pues hay tanto que mejorar, tanto por transmutar, por ello hay días en que me alcanza el invierno con toda su onda polar y solo quiero hacerme bolita, sin pensar, sin sentir, sin hacer, sin avanzar, solo quedarme en ese estado en el jardín secreto, resguardada de todo, hasta recuperar la energía, volver a respirar y con ello seguir hacia adelante, siempre hacia adelante, pues ¿qué más podría hacer? ya no hay vuelta atrás.




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